“¡Y montaré mi propio Silicon Valley con casino y furcias!”

El título lo pongo parafraseando al gran personaje de Futurama: Bender, un robot que no podría venir más idóneo para este tema, y es que hablar de tecnología y de su actualidad empresarial es hablar de Silicon Valley.

¿Pero qué es Silicon Valley?

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Se trata de es un área de aproximadamente unos 50 por 10 kilómetros al sur de San Francisco (California, Estados Unidos) donde se encuentran las principales empresas de tecnología del mundo: Apple, Facebook, Yahoo, Intel, Cisco, Dropbox o Linkedin… entre otras muchas.

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Replicar Silicon Valley parece ser el deseo de cualquier político o infeliz de turno con algo de “poder” y dinero público. Construir un Silicon Valley que proporcione riqueza y hará que los jóvenes no tengan que irse de casa, además de reducir el desempleo, que suele ser una de las promesas más repetidas en lo que se refiere a la creación de tejido empresarial. El problema es que suele ser dicha por los infelices antes mencionados… pero claro, luego viene la realidad en España y la “hostia” es fina, pues no debemos retroceder mucho en el tiempo, incluso meses, para encontrar un nuevo fracaso de un “Silicon Valley” español. ¿Pero por qué? ¿Es acaso el eterno quiero y no puedo español? ¿Es otra de las versiones de risa de este país como la promesa educativa universitaria de “aplicamos el Plan Bolonia” y demás mamarrachadas? Tiene muchas posibilidades de ser que sí…

Lo primero es que cualquiera que busque replicar el Silicon Valley en el territorio nacional se tendrá que hacer la pregunta de cómo Silicon Valley llegó a ser el Silicon Valley que es hoy en día. Y es que la sede de estas grandes empresas no se encuentran allí por casualidad, o por que las playas sean buenas, o porque un día se montó un concurso de emprendedores… no, señores.

Para empezar, Silicon Valley no se creó ni un día ni con una subvencioncilla irrisoria, que a veces parece que se habla de este lugar como si de un producto de la mera casualidad se tratara y no de los frutos de correctas políticas que se establecieron hace más 50 años o la fundación una gran universidad como es la de Stanford o el entorno legislativo en materias tanto fiscales como mercantiles que acompañan al territorio (como nota ilustrativa en España empezar una empresa en un garaje como Google es, cuanto menos, ilegal).

Así que esto es lo primero que se tendrían que preguntar aquéllos que prometen ser el próximo Silicon Valley, especialmente parques empresariales que han sido creados con dinero público hace relativamente poco y que se centran en edificios de oficinas con un aire moderno e innovador.

Que Silicon Valley no se hizo en un día creo que es algo ya ha quedado claro hasta para los infelices antes mencionados, pues empezó poco a poco con una base en la que había talento y capital dispuesto a arriesgarse y tirar hacia adelante. Unido, no olvidemos nunca, al entorno antes mencionado. Y es que la buena legislación junto con ese dinero y ese talento han dado un marco estupendo desde el que grandes empresas de hoy pudieron emprender ayer.

Que, todo sea dicho, en España también hay mucho talento pero suele estar acompañado en la misma proporción de infelices per cápita que, por desgracia, suelen ser los que controlan el dinero, en especial si es público.