¿El medio de pago del futuro? Las criptomonedas y la tecnología blockchain

¿Cripto qué?

Seguramente no lo habrás oído, el término criptomoneda, pero si que te suena el bitcoin, ¿verdad?, pues no es más que un medio digital de intercambio encriptado, nacido con el objetivo primordial de intentar con el tiempo hacerse un hueco en el panorama financiero virtual, inclusive con la posibilidad de, llegado el momento, sustituir completamente las monedas que utilizamos en la actualidad para las transacciones habituales, de la misma forma que está sustituyeron a la moneda oro por su utilidad.

Aunque parezca algo futurista, no está muy alejado de la realidad, cada vez más los medios de pago está íntimamente ligados al mundo digital y la vuelta atrás parece irreversible. En una pugna por una compra usable, donde la experiencia usuario prima sobre la seguridad, en ocasiones hace pensar si nuestro sistema de intercambio actual, donde las transacciones se realizan con ciertas medidas de seguridad -con fisuras- no pueden ser superadas con una suerte de criptomonedas que son totalmente seguras gracias a la tecnología blockchain -salvando algunos detalles, quizá por la falta de apoyo aún en la apuesta por regular su funcionamiento como medio de pago-. El mundo está cambiando gracias a la tecnología. La realidad de hace algunos años atrás es muy distinta a la que tenemos en la actualidad y aún cambiará en el futuro.

El Bitcoin reposa sobre toda una tecnología llamada Blockchain que permite fabricar aplicaciones, no solo propiamente financieras, sino incorporando características únicas como la descentralización y, sobre todo y más destacable, la seguridad. Se trata de un sistema informático que aporta al consumidor algo que hasta el momento no ha sido posible: estar operativo las 24 horas del día, los 365 días del año, una tecnología que prescinde de los intermediarios financieros y une a las personas, con el consecuente ahorro en costes en cada transacción.

Es tan fácil usar (el bitcoin), en tres sencillos pasos te cuento cómo:

1) Cada nuevo usuario debe elegir su monedero (disponible en la web oficial de Bitcoin) y después, ha de instalarlo en su ordenador o en su dispositivo móvil; cada monedero posee una llave especial creada con algoritmos de criptografía empleada para realizar firmas digitales y que verifican la identidad del usuario;

2) Este primer paso origina una dirección de Bitcoin (pudiendo crearse cuantas se necesiten ya que las direcciones bitcoins solamente deberían ser usadas una única vez), que se enviará a otros usuarios para proceder a pagos o transferir bitcoins;

3) Las transferencias o transacciones se verifican por medio de un registro de contabilidad público la tecnología “blockchain” (“cadena de bloques”), que muestra todas las transacciones confirmadas y asegura que el usuario posee la cantidad de bitcoins que pretende gastar. El plus añadido de este sistema es la integridad y el orden cronológico de la cadena de bloques que se hacen cumplir con criptografía; 4) A través de la “minería”, se transmiten y confirman las transacciones pendientes a ser incluidas en la “blockchain”. Proceso que hace cumplir un orden cronológico en la mencionada cadena, protege la neutralidad de la red y permite un acuerdo entre todos los equipos sobre el estado del sistema. Las transacciones para ser confirmadas deberán ser unidas en un bloque que se ajuste a estrictas normas de cifrado y que será verificado por la red, lo que impedirá que cualquier bloque anterior se modifique (lo que invalidaría todos los bloques siguientes como “el efecto dominó”). En conclusión, ninguna persona puede controlar lo que está incluido en la cadena de bloques o reemplazar partes de ésta para revertir sus propios gastos.

No obstante, en estos momentos más que una criptomoneda dedicada a las transacciones está siendo utilizada como un mecanismo especulativo por algunas grandes economías (empresas y gobiernos) que si bien no han realizado grandes inversiones sí están empezando a poner ciertas cantidades con esperanzas a largo plazo. No todo es luz en Bitcoin, también tiene sombras. Son riesgos potenciales del uso del bitcoin los siguientes: Financiación de actividades ilícitas y/o blanqueo de capitales; la necesidad de elevada capacidad computacional que puede generar el gobierno de unos pocos en la emisión de la criptomoneda; posibles transacciones fraudulentas valiéndose de los protocolos en los que se asiente el Bitcoin; impacto sobre la estabilidad de los precios y sobre la estabilidad financiera y garantías de privacidad partiendo de la base de que el Bitcoin depende de que los usuarios gestionen adecuadamente su criptografía.

El denominador común de las criptomonedas es su tecnología subyacente, la denominada “blockchain”. Independientemente del futuro del bitcoin, lo relevante es que su tecnología supone una contribución a numerosos sectores que aún no ha desarrollado su verdadero potencial. Por lo tanto, sin importar las vicisitudes del pionero bitcoin y de sus sucesores (existentes y por existir), lo verdaderamente innovador es la tecnología “blockchain”, y de ahí, que multitud de nuevas empresas estén centradas en la referida tecnología para productos digitales, entre otras cosas porque la no intervención de intermediarios permite ahorrar en costes. No podemos establecer parámetros o afirmaciones apresuradas, pero lo que es claro es que estamos frente a una tecnología que se encuentra en sus primeros pasos y cualquiera puede tomar parte activa en ella desde cualquier frente: difusión, consumo o desarrollo.

Ver estudio Gartner sobre las tecnologías más punteras en 2017 (No. 6 Blockchains and Distributed Ledgers):

https://www.gartner.com/doc/3471559?srcId=1-7251599992&cm_sp=swg-_-gi-_-dynamic

María Cumbreras Amaro

Especialista en eCommerce y marketing online. Apasionada del mundo digital. CEO en Apryme.